lunes, julio 28, 2014

Comerse Berlín

Despertarte al amanecer. Es decir, a las cuatro de la mañana. Leer junto a la ventana, un poco entornada, esquivando los rayos de sol. Desayunar un par de horas más tarde, que ya hay hambre. Ducharte y seguir leyendo hasta que ponen las calles. Salir de casa. Que tus pies te lleven a la terraza de Butter. O lo que es lo mismo, el brunch con las mejores vistas de la ciudad. Simular que sigues leyendo, durante la espera, al tiempo que disfrutas de una de esas vistas que ha decidido sentarse en la misma mesa que tú. Subir, y no bajar, al metro, que para eso algunas líneas transitan por el exterior. Llegar a la biblioteca. O a la universidad. O a otro café donde seguir trabajando. Es decir, leyendo. Uno de esos lugares, cómodo y tranquilo, es la cafetería del Neue Nationalgalerie, acompañado de una porción de tarta Sacher. Llega la hora de comer y en la puerta de Cevichería se puede leer «Aquí se cocina con cariño». El tamaño del espacio contrasta con el de la carta, amplia y renovada cada semana.


Puerta de Brandenburgo.
© Fotografía del autor.

Como solo son las cuatro de la tarde y hay que seguir trabajando, decido continuar haciéndolo en una de las mesas de Princess Cheesecake. Uno de los pocos salones de té – y tartas, por supuesto – de la ciudad. En la sección de terrazas con vistas – quién dijo que no se puede trabajar con un mojito – están Klunkerkranich, un jardín urbano en la azotea de un centro comercial, con música en directo y el mirador del parlamento alemán, junto a la famosa cúpula que corona el edificio. Para cenar, dudo entre el vietnamita Si An – en Prenzlauer Berg, mi actual barrio – con una reducida carta y platos potentes – y Zsa Zsa Burger – en Schöneberg, mi antiguo vecindario – con una cinematográfica carta y clientes potentes. Comer en Berlín es relativamente barato y la oferta es indefinidamente amplia. Además de hacerlo en la ciudad, puedes comerte Berlin, en cualquier parte, llevándote alguno de los productos de la tienda de alimentación berlinesa Eat Berlin. O a su dependiente. El alemán más guapo de la ciudad.

Ahora dale al play y disfruta del tema «Wir sind das Volk» de Niemann.


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, julio 21, 2014

Berlín literario

La estancia en Berlín me ha permitido, entre otras cosas, asistir a la conferencia «La literatura como instrumento de la memoria» de Joan Ramon Resina, profesor de la Universidad de Stanford, California, de visita investigadora en Alemania. Durante la charla en la Universidad de Humboldt citó, no necesariamente en este orden, a Charles Dickens, Josep Pla, San Agustín, Immanuel Kant y a Robert Bertin, entre otros. Con estos mimbres, Resina tejió una ponencia para ofrecernos un cesto lleno de referencias urbanas y literarias, de preguntas sobre la función de la literatura – artículo de consumo o ritual de cenáculo – así como de las salidas laborales para un Doctor en literatura. En el debate posterior a la conferencia, uno de los asistentes comentó la huella que ha ocasionado la novela de Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz (1929), en la memoria de los lectores y que ha arrastrado a miles de ellos a viajar a la plaza berlinesa para sentir, como en la novela, cuán pequeño es el ser humano.


Cementerio de Dorotheenstädtischer.
© Fotografía del autor.

Una amiga, de visita en Berlín, no quería volver a Madrid sin tomarse una Berliner en una de las mesas desde donde Bernhard Gunther, investigador privado del Hotel Adlon, trabajó durante la primera mitad del siglo XX. En la tertulia que acompañó la cerveza, surgieron otras ficciones que nos han permitido trasladarnos, desde el sofá de casa, a la capital alemana. Un amigo apuntaba la adaptación para la televisión de Berlin Alexanderplatz (1980) realizada por Fassbinder o la cinta de Billy Wilder Uno, dos, tres (1961), mucho más que una historia sobre la Guerra Fría. Otro señalaba la historia de amor de Una princesa en Berlín (1982), de Arthur Solmssen, en los prolegómenos del Tercer Reich. Un tercero nombraba la película El cielo sobre Berlín (1987), de Wim Wenders: «Hay ángeles en las calles de Berlín. Caminan junto a ti». Yo apunté la novela de Hans Fallada, Solo en Berlin (2011). Salimos del Hotel Adlon, terminada la cerveza con Bernie, decididos a seguir recorriendo páginas de Berlín.

Ahora dale al play y disfruta de la banda alemana Die Toten Hosen. El tema es «Tage wie diese».


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, julio 14, 2014

La final del mundial desde Berlín

Recuerdo las quejas, hace ahora casi un mes, de algunos de mis amigos por el despliegue militar en Madrid con motivo de la proclamación de Felipe VI. En ese ambiente cuartelero es precisamente uno en los que se han desarrollado las ficciones, y también realidades, más repetidas a lo largo de la historia, las eróticas. O dicho que otra manera, las ciudades portuarias recibiendo fragatas llenas de marineros, las capitales dando la bienvenida a tropas de los tres ejércitos y las ciudades de los países que juegan la final del mundial son los espacios en los que la testosterona rebosa las jarras de cerveza que pueblan las mesas de las terrazas veraniegas. Fue el caso de anoche en Berlín, donde las calles se llenaron de gente para, primero, sufrir el partido y, segundo, celebrar la victoria. Y para, aprovechando el arrebato, poder llevarte al catre a algún teutón preso de la euforia para seguir festejando el trofeo o a algún argentino cautivo de la tristeza para consolarle por la pérdida.


© Fotografía del autor.

Si ayer fue el mejor día, y la mejor noche, para aprender que Tor es «gol» en alemán, no fue la mejor jornada para pasear por Unter den Linden hasta llegar a la puerta de Brandenburgo, callejear por Friedrichstrasse hasta Checkpoint Charlie, conocer el interior de Hauptbahnhof, recorrer el margen del río Spree en bicicleta, fotografiar la Columna de la Victoria, tumbarse en Tiergarten, visitar Potsdamer Platz, entrar en la Nueva Galería Nacional de Mies van der Rohe, merendar apfelstrudel en una terraza de Kreuzberg ni empeñarse en regresar a casa en bicicleta. Los motivos son tres: la intermitente lluvia veraniega del centro de Europa; las hordas de alemanes que se dirigían, desde diferentes puntos de la ciudad, a la Avenida 17 de Junio para disfrutar de la final del mundial al aire libre y la testosterona que impedía el tráfico fluido por las calles de la ciudad. Las mismas restregaduras y rozamientos de las calles de Madrid, hace ahora cuatro años, y las mismas posibilidades de ligar entre tanto hombre. Ninguna.

Ahora dale al play y disfruta del tema «Traum» de la banda alemana CRO,



Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.