lunes, junio 30, 2014

Berlín en español

La segunda preocupación de mi madre es que, durante mi estancia en Berlín, no tenga amigos con los que relacionarme. Mi vecina de rellano es una sueca que veranea todos los años en la costa del sol. Mi casero es un argentino profesor de tango. Mis vecinos de la planta de arriba son una pareja de Madrid. Sus hijos de cuatro años, gemelos, los cuidan sus abuelos, de Oviedo y Salamanca. También vecinos, dos bloques más allá, son dos amigos de Madrid que viven en la capital alemana. Un barrio más allá, al sur, reside otro amigo de Madrid. Recuerdo mi primer viaje solo al extranjero (Umeå, Suecia, 1998) en el que escuchar hablar español te producía una mezcla entre alegría y nostalgia. Algunos dicen que Berlín no es Alemania. Yo añado que Alemania no es, paradójicamente, el mejor lugar para aprender alemán.


© Fotografía del autor.

La versión actualizada de la pregunta, en plena calle, «¿Eres español?» cuando escuchas hablar en tu idioma materno es el grupo de Facebook «Españoles en Berlín». Desde consejos sobre cómo realizar el no tan sencillo Anmeldung (empadronamiento) hasta el alquiler de una habitación que se queda vacía un mes pasando por propuestas de encuentros para un ver un partido del mundial. El pasado fin de semana me escapé a Frankfurt en autobús (WIFI gratuito, enchufes en los asientos y bar) por dos horas de más que tarda respecto al tren y por cuatro veces menos que cuesta el tren. ¿El motivo de mi viaje a Frankfurt? Visitar a amigos españoles afincados allí, disfrutar de la exposición «Paul versus Paulus» de Ralf König en el Museo del Cómic de la ciudad y degustar de una excelente paella casera para quitarle la primera preocupación de mi madre: que coma bien.

Ahora dale al play y disfruta del fantástico tema «Hypnotized» del alemán Oliver Koletzki.



Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, junio 23, 2014

Berlín gay

No me gustan las multitudes. Con la esperanza de que el Orgullo gay berlinés no fuera tan concurrido como el madrileño, me pasé por los eventos de las organizaciones lésbicas con el objetivo de tomarme una cerveza y charlar tranquilamente con los amigos. Hordas me obligaron a dejar aparcada a Sally a varias manzanas. Puestos de comida ambulante, barras donde acodarse, música ensordecedora y ríos de personas que deambulaban entre los centenares de stands. Entre ellos, el de la asociación de trabajadores gais de Deutsche Bank o la federación gay de sindicatos policiales europeos. Me pregunto si el ministro español de Interior – y del Opus – permitiría algo semejante en el reino de Felipe VI. En ambas aceras de Motzstraße (versión berlinesa, en calle, de la plaza de Chueca) bebíamos cerveza (en botellas no inferiores a medio litro) y discutíamos en qué contenedor debíamos declinar los envases de vidrio en función de su color (contenedor de vidrio verde, marrón o de vidrio transparente).


© Fotografía de A. Gómez.

«Soy gay y eso está bien». Con esas palabras empezaba Klaus Wowereit su andadura como alcalde de Berlín en 2001. Quizá por eso el Orgullo gay berlinés dura diez días y eso está bien. El pasado fin de semana, como no tuve suficiente con los festejos lésbicos del anterior, me lancé a la calle para participar en el Christopher Street Day (es decir, la manifestación del Orgullo). En dos palabras: más hordas. Los locales gais berlineses están repartidos por diferentes barrios de la ciudad. Eso tiene ventajas – no hay gueto – aunque también inconvenientes – te obliga a salir más días. ¿Nos tomamos una copa en Bar Saint Jean? Sí, el del camarero pelirrojo. Ahí me tomo yo las copas que hagan falta. ¿Nos vamos luego a la fiesta de Members? Vale, nos pasamos y luego nos vamos a KitKatClub a tomarnos la última. ¿La última? Sí, la última y rapidita, que ahí siempre hay multitudes y mañana quiero estar descansado para el concierto de Arcade Fire.

Ahora dale al play y disfruta del directo de Arcade Fire con el tema «Here Comes The Night Time».


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, junio 16, 2014

Berlin en bici

Semana de productos españoles en los supermercados Lidl de Alemania. Jamón, aceite de oliva, fuet, aceitunas, vino, sangría, turrón – sí, es junio – y la base de la alimentación mediterránea: jalapeños. Fíate tú de la semana de productos alemanes en el Lidl de Albacete. Después de pasar el día en la biblioteca del Instituto Iberoamericano de Berlin – por cierto, qué gozada de instalaciones – decidí acercarme al Lidl para hacerme con un par de botellas de aceite de Brenes (Sevilla) y otras dos de tinto riojano. Al supermercado me llevé, para que me ayudara con la compra, a Sally Bowles, a quien podéis ver en la fotografía. No tener una bici en Berlin es como veranear en Conil de la Frontera y no tapear en la peña del Athletic Club de Bilbao, alias «el cojo». Es decir, algo muy poco alemán. Desconozco las calles berlinesas por las que recorría Sally antes de conocernos, pero me da la sensación que, como yo, es una perra vieja.


Sally Bowles
© Fotografía del autor.

Las opciones para hacerte con una bici en Berlin no son muchas pero sí muy diversas. Comprar una bici nueva en una tienda especializada por trescientos euros; adquirir una bici de segunda mano en una tienda por unos cien euros; conseguir, regateando, una robada en alguno de los Flohmarkt (mercado de las pulgas) por cincuenta euros; robar una bici por cero euros. Sea como fuere, la mejor manera de conocer una ciudad en la que vivir, sea por poco o por mucho tiempo, es perderse en ella, en bici, el primer fin de semana. Y eso hice en Berlin hace ya un par de semanas. No creáis que es fácil perderse. Los turistas, plano de la ciudad en la mano, tienen un olfato especial para no hacerlo. Las ventajas de perderse en bici son muchas. Practicar ejercicio; descubrir rincones que, de no haber ido en bici, no te hubieras planteado visitar; atropellar a un peatón chulazo para entablar conversación; regresar a casa en transporte público con la bici (en caso de haber llegado a Frankfurt sin darte cuenta).

Ahora dale al play y disfruta del ochentero tema «Summer in Berlin» de Alphaville.


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, junio 09, 2014

Berlin este

De la misma manera que, tal como dice una amiga, existen dos tipos de hombres (George Clooney y el resto), también existen dos tipos de personas. Las que se orientan fácilmente en una ciudad y las que no. En mi caso, depende de la urbe. En Berlin, damen und herren, no lo he conseguido. Tampoco ayuda que la numeración de los edificios en las calles siga una lógica que tampoco he sido capaz de descifrar. Si Google Maps te dice que para llegar en trasporte público a Prenzaluer Berg (barrio del noreste de la ciudad, ahora de alto poder adquisitivo, donde viven profesionales liberales y donde existe más vida nocturna que diurna) desde Schöneberg (barrio al suroeste de Berlin, centro gay desde la década de los años veinte, salvo el abyecto paréntesis de la Alemania nazi) necesitas veintisiete minutos, añade quince más. Los necesitarás para, una vez salgas del metro, encontrar dónde está el número de la calle a la que vas. Por cierto, uno de los dos meses que voy a pasar en Berlin viviré en Schöneberg. El otro, en Prenzlauer Berg.


East Side Gallery
© Fotografía del autor.

Al este de la ciudad se encuentra el Mauerpark, uno de los numerosos y grandes parques que dan sombra a la ciudad, punto de encuentro los domingos por la mañana, de hordas de alemanes y de no alemanes. Todos desparramados por la hierba (familias, parejas, amigos, ligues) mientras bandas amateur tocan en directo. Junto al parque, un mercadillo con decenas de puestos en los que puedes encontrar desde la vajilla (usada) de la abuela Müller hasta ropa (sin usar) diseñada por la misma persona que, dilatadores en las orejas, atiende el puesto. Sea en el este o en el oeste, lo que todo alemán – y a partir de ahora, quien escribe estas líneas – lleva en la mochila, en verano, es: una manta (nunca sabes dónde te va a pillar el próximo picnic), una botella de agua (a poder ser, muy fría) y un gorro para protegerte del sol. Por cierto, llevo tumbado dos horas en el parque y acabo de recordar que yo había quedado con un hombre. ¿O era George Clooney? ¿Era en el este? ¿O en el oeste?

Ahora dale al play y disfruta del tema “Where Are We Now?” de David Bowie.


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, junio 02, 2014

Un español en Berlin

La primera vez que decidí estudiar alemán, allá por el año 2000, opté por la inmersión lingüística y me mudé a Fuerteventura. Las primeras palabras que aprendí fueron: «Buenas noches señoras y señores y bienvenidos a nuestro espectáculo ‘La noche travesti’». Sí, fui Drag Queen. Y los alemanes fueron mi público más entregado. Seguidos de los holandeses. Me aprendí el guion en alemán, amén de otros idiomas, de un espectáculo de hora y media sin saber conjugar ni el verbo ser. Todas las noches, de carrerilla – y a la carrera sobre los taconazos – soltaba una serie de chistes que, catorce años después y a 4.359 kilómetros de distancia, me sigo preguntando por qué hacían reír al público. Sobre el escenario, hombres de diferentes nacionalidades se travestían para conseguir el premio a la mejor travesti de la velada mientras sus esposas e hijos les aplaudían desde el patio de butacas. Parafraseando a Lineker, ‘La noche travesti’ era un espectáculo en el que, participaran quienes participaran, siempre ganaba un alemán.

Memorial del Holocausto.
© Fotografía del autor.

La segunda vez que decidí estudiar alemán fue el pasado otoño, cuando me confirmaron que pasaría un par de meses en Berlin. No, no fue para versionar mi espectáculo drag en la capital alemana. He venido para encerrarme en la biblioteca del Instituto Iberoamericano – la más grande en literatura latinoamericana de toda Europa – y en la de la Universidad Humboldt. Bueno, intentaré no enclaustrarme demasiado porque los primeros días en la ciudad me han confirmado que voy a poder trabajar – portátil sobre el regazo – desde abundantes y muy diversos espacios. Todos abiertos y con excelentes vistas. Por cierto, aviso a navegantes. Lo que hoy empieza no va a ser una guía de qué hacer en Berlin (cómprate la Lonely Planet) ni un compendio de consejos sobre las cosas a saber antes de mudarse a Alemania (consulta mejor Berlin en español). O sí. Os dejo, que acabo de leer en Siegessäule, una de las revistas gay de Berlin, que el musical Cabaret convoca un casting para completar su elenco.

Ahora dale al play y disfruta, en mayúsculas, de la recreación en directo del vídeo musical de Sia. El tema, «Chandelier».


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.