lunes, diciembre 09, 2013

Nunca te enamores de un camarero

Enamorarte de un actor porno es, entre otras cosas, jodido. De un bailarín profesional, también. Igual de arrastrado es hacerlo de un entrenador personal. Claro, que elegir de quién enamorarse es lo más jodido de todo. Aunque el atractivo que un camarero desprende, entre el bocadillo de butifarra de la mesa cuatro y el chocolate con porras de la mesa ocho, no aparece como concepto en su nómina, sí está incluido en el salario que percibe todos los meses. Algunos dirán que el problema de la calculada ambigüedad del mozo, que confunde amabilidad con flirteo, es del cliente, no del camarero. Otros creerán que la responsabilidad de tal confusión es, en exclusiva, de quien trabaja detrás de la barra. Sin embargo, entre el cliente y el mozo, quien tiene el poder es quien viste el mandil. Ya lo dice la RAE. El flirteo es “dar señales sin comprometerse”. Venga, admitámoslo, pirrarse de un camarero es igual de jodido que hacerlo de un actor porno.

Camarero, con minifalda, de Patricia
© Fotografía del autor.

El pasado fin de semana llegó a Lleida la primera expedición de amigos madrileños que, tras arduas deliberaciones, decidieron recorrer los 461 kilómetros que separan la villa de la capital de provincia para visitarme. Hemos comido, paseado, comido, reído, comido, bebido y comido. La oferta gastronómica y de ocio nocturna de una capital de provincia es limitada. Una de las ventajas de esta situación es saber que nunca sufrirás del llamado síndrome de Stendhal en lo que a estímulos sexuales se refiere. Recuerdo, hace unos años, que asistir a un concierto multitudinario en Madrid fue una de las experiencias más dolorosas que recuerdo por la acumulación de acicates afectivo-visuales. Estas cosas, en provincias, no pasan. Hace un par de semanas conocí a un camarero que me contó que, antes de compaginar su actual trabajo con el de entrenador personal en un gimnasio – “¡Las cosas están jodidas, tío!” –, fue bailarín profesional y actor. Porno.

Ahora dale al play y disfruta del tema “Finisterre” de Wilhelm & The Dancing Animals.


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

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