lunes, diciembre 30, 2013

15 motivos para enviar 2013 al quinto coño

1.       He engordado.
2.       La muerte de una de mis primas.
3.       He menguado.
4.       Tengo a los amigos lejos.
5.       No he tenido vacaciones.
6.       La muerte de una amiga.
7.       He recorrido 24.140 kilómetros.
8.       Una contractura lumbar.
9.       Dos mudanzas y una obra.
10.   La muerte de la hermana de una de mis mejores amigas.
11.   Me he apuntado a tres gimnasios y me he borrado de dos.
12.   Un diagnóstico de cáncer en la familia.
13.   Sigo sin poder hablar, de una manera fluida, sueco.
14.   Una ruptura sentimental.
15.   No me ha tocado el Gordo de Navidad.




El resumen del año que termina: Castilla desde un AVE.

© Fotografía de E. Orduña.

Ahora dale al play y disfruta de esta joya musical. El tema es “Stubborn Love”. La banda es The Lumineers.


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, diciembre 23, 2013

Enamorado de una moderna de provincias

Una de las reglas no escritas que rigen mi casa en Navidad – año tras año – es que todo amigo que la visita, sea bisexual, heterosexual u homosexual, debe acudir con un adorno para colgar en el árbol. Llamadme conservador – por aquello de mantener la tradición – o caradura – por el hecho de exigir un impuesto a la felicidad – pero cada vez que monto el árbol de Navidad me entretengo en cada uno de los adornos recordando qué amigo lo trajo a casa, en qué año… El problema de las postales, que me sigue encantando enviar y recibir, es que, una vez guardadas en el cajón, es más difícil tener presentes a los amigos. Los amigos, a lo largo de los últimos años, han ido incorporando todo tipo de adornos. Desde las clásicas bolas plateadas o doradas; muñecos – de nieve o angelitos – hechos de trapo; arreglos en forma de corazón o de sillón o incluso atavíos caseros a modo de alces recortados en fieltro o bolas hechas con lana bicolor.


© Fotografía del autor.

Una de las reglas no escritas que rigen los barrios de Malasaña en Madrid o el del Born en Barcelona es que todo hombre, sea bisexual, heterosexual u homosexual, del tipo moderna/hipster/gafapasta/yupster/indie viste y actúa de acuerdo a la tribu urbana con la que se identifica. Por un lado, siempre es un placer, para ellas y para nosotros, pasear por las calles de los epicentros de la modernidad. Para las modernas – y asociados – para lucirse y saberse observados. Para nosotros, para disfrutar de las vistas. Por otro lado, enamorarse de un hipster es, al mismo tiempo, fácil y complicado. Fácil porque ¿quién no se encoña de un gafapasta como dios manda? Complicado porque ¿quién coño empieza a vestir y a actuar, de manera sencilla, como un yupster? Puestos a enamorarnos de un indie, sea bisexual, heterosexual u homosexual, prefiero hacerlo de uno de provincias. Ser moderna en Malasaña es muy fácil. En provincias, es una heroicidad.

Ahora dale al play y escucha el tema “Christmas Don’t Be Late”, interpretado por Rachel, Kurt, Santana, and Cody en la serie televisiva Glee.



Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, diciembre 16, 2013

No. no.

Sí, sí, sí, sí. No, no, no, no. Ni dos, ni tres, ni cinco. Siempre que queremos responder, con énfasis, afirmativa o negativamente a una pregunta, lo hacemos con cuatro síes o con cuatro noes. Otra manera de responder afirmativamente, aunque sin hacer hincapié, es emitiendo un sonido. Manolo, ¿vas a bajar la basura? Mhe. Aunque no lo parezca – por la actitud y por el sonido – Manolo bajará la basura. Otra manera de responder negativamente, si bien sin intensidad en la contestación, es emitiendo un sonido más interdental: “ntt”. Si queremos, al mismo tiempo, insistir en nuestra negativa y utilizar este sonido, lo repetiremos hasta, también, cuatro veces: “ntt, ntt, ntt, ntt”. Manolo, ¿has visto a mi madre? Y Manolo responde “ntt, ntt, ntt, ntt” cuando en realidad quiere decir “¡Qué va!”. Si respondemos sí o no con la cabeza, todos sabemos en qué dirección se mueve la testa en cada caso.


Museo Berardo de Arte Contemporáneo de Lisboa.
© Fotografía del autor.
Los búlgaros, sin embargo, cuando con la cabeza quieren decir que no, mueven la cabeza de arriba abajo, meneo que en España interpretaríamos como un sí. Y cuando los búlgaros quieren decir que sí, mueven la cabeza de derecha a izquierda (o de izquierda a derecha), oscilación que en la península ibérica interpretaríamos como un no. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), de entre los países europeos, el cuarto grupo de población inmigrante más numeroso en España es el de los búlgaros. El INE destaca que Catalunya es la segunda región española con mayor población de aquél país. Más allá de las cuestiones ideológico/políticas/jurídicas del asunto de la hipotética consulta acerca de la independencia de Catalunya – y de la idoneidad demoscópica de las preguntas – me gustaría que el abanico de posibles respuestas fuera desde el “Ntt” al “Mhe” pasando por responder “a la búlgara”.

Ahora dale al play y escucha "Clouds", un tema compuesto por Zach Sobiech, un joven estadounidense fallecido a los diecisiete años debido a un cáncer, y cuya letra dice cosas como "Prepárate para vivir [...] todo va a salir bien".



Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, diciembre 09, 2013

Nunca te enamores de un camarero

Enamorarte de un actor porno es, entre otras cosas, jodido. De un bailarín profesional, también. Igual de arrastrado es hacerlo de un entrenador personal. Claro, que elegir de quién enamorarse es lo más jodido de todo. Aunque el atractivo que un camarero desprende, entre el bocadillo de butifarra de la mesa cuatro y el chocolate con porras de la mesa ocho, no aparece como concepto en su nómina, sí está incluido en el salario que percibe todos los meses. Algunos dirán que el problema de la calculada ambigüedad del mozo, que confunde amabilidad con flirteo, es del cliente, no del camarero. Otros creerán que la responsabilidad de tal confusión es, en exclusiva, de quien trabaja detrás de la barra. Sin embargo, entre el cliente y el mozo, quien tiene el poder es quien viste el mandil. Ya lo dice la RAE. El flirteo es “dar señales sin comprometerse”. Venga, admitámoslo, pirrarse de un camarero es igual de jodido que hacerlo de un actor porno.

Camarero, con minifalda, de Patricia
© Fotografía del autor.

El pasado fin de semana llegó a Lleida la primera expedición de amigos madrileños que, tras arduas deliberaciones, decidieron recorrer los 461 kilómetros que separan la villa de la capital de provincia para visitarme. Hemos comido, paseado, comido, reído, comido, bebido y comido. La oferta gastronómica y de ocio nocturna de una capital de provincia es limitada. Una de las ventajas de esta situación es saber que nunca sufrirás del llamado síndrome de Stendhal en lo que a estímulos sexuales se refiere. Recuerdo, hace unos años, que asistir a un concierto multitudinario en Madrid fue una de las experiencias más dolorosas que recuerdo por la acumulación de acicates afectivo-visuales. Estas cosas, en provincias, no pasan. Hace un par de semanas conocí a un camarero que me contó que, antes de compaginar su actual trabajo con el de entrenador personal en un gimnasio – “¡Las cosas están jodidas, tío!” –, fue bailarín profesional y actor. Porno.

Ahora dale al play y disfruta del tema “Finisterre” de Wilhelm & The Dancing Animals.


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, diciembre 02, 2013

10 indicios (del tamaño de un coño de vaca) de vivir en provincias

1.       Que, a la pregunta “¿Cuánto tardas en llegar al trabajo?”, la respuesta sea “Si hay tráfico, siete minutos”.
2.       Que el presupuesto mensual en gasolina para moverte por la ciudad sea de 20 euros en lugar de 200.
3.       Que, a la pregunta, “¿Dónde está tal sitio?”, la respuesta sea “Aquí al lado” y realmente esté “aquí al lado”.
4.       Que el menú del día cueste, en lugar de 12 euros, 7.
5.       Que los peatones esperen, siempre, a que el semáforo se ponga en verde, sí o sí, para cruzar la calle.
6.       Que, en el caso de tener jornada partida en el trabajo, puedas ir a casa a comer y echarte un rato en el sofá antes de regresar a la oficina.
7.       Que ir al cine cueste, en lugar de 9 euros, 7.
8.       Que, entre la finalización de tu jornada laboral y el comienzo de las actividades extraescolares, te dé tiempo de merendar en casa.
9.       Que los noctámbulos de la ciudad confundan, al hablar de un bar de copas, un local de ambiente con un local con ambiente.
10.   Que el ligue one-night stand del sábado te lo encuentres el lunes en el trabajo. Y el martes en el supermercado. Y el miércoles en el gimnasio. Y el jueves en una tienda. Y el viernes en la peluquería.

Ahora dale al play y disfruta del tema “Educated” de FEMME.



Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.