lunes, noviembre 25, 2013

Ya es Navidad

Nota: Si es usted diabético, no siga leyendo. Si no tolera la glucosa, no continúe leyendo. Está usted avisado.

Sí, ya es Navidad. No porque lo hayan cantado Marta Sánchez, Bustamante, Niña Pastori, Raphael y Montserrat Caballé. Tampoco porque lo hayan anunciado Lidl o Movistar. Ni porque las calles de los pueblos y ciudades de España tengan ya instalada la iluminación navideña. Menos aún porque ya estén disponibles los polvorones y los turrones de la marca Hacendado. Tampoco porque ya tenga redactadas las postales – compradas hace semanas en una ONG – que llevaré la próxima semana a Correos para felicitar a amigos. Tampoco porque la pasada semana revisitara, un año más, la película Love Actually. Nada que ver con el hecho de que tenga ya instalado el árbol de Navidad ni porque, también un año más, celebraré Thanksgiving. Es Navidad porque – y disculpen la primera dosis doble de azúcar – cualquiera de los trescientos sesenta y cinco días del año es un buen día para querer ser una buena persona.


© Fass, tienda alemana en Madrid. Fotografía del autor.

A falta de algo más de cuatro semanas para el día de Navidad, ha llegado el momento de ser ñoño. Llámeme previsor pero la cuestión es que, si a todos nos va a dar por ponernos blanditos y querer hacer el bien a diestro y siniestro dentro de treinta días, mejor hacerlo hoy o el trece de abril o el catorce de agosto y así no congestionamos – y disculpen la segunda dosis doble de glucosa – las autovías del amor. Puestos a hacer la buena obra del día y merendar con la tía Eduvigis para escuchar las (mismas) historias de su juventud; ya que vamos a expresar nuestros mejores deseos a compañeros – muchos de ellos, desconocidos –; puestos a llamar al amigo – quién hace tanto tiempo no hemos querido saber de él – para perdonarle; y puestos a perdonar, hagámoslo con la persona con la más nos cuesta olvidar sus errores y – disculpen la tercera y última dosis doble de azúcar – pidámonos perdón a nosotros mismos. Es Navidad.

Ahora dale al play y disfruta del tema “Nur Ein Wort” de los alemanes Wir Sind Helden.


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, noviembre 18, 2013

Casarse con un diplomático

Estocolmo. Otoño de 1999. Un estudiante universitario español, de estancia Erasmus en la capital sueca, acude a la embajada de España para inscribirse en el “Censo Electoral de Residentes Ausentes”. De camino a la también residencia oficial del embajador español, en el autobús número 69, un – también inmigrante – casi cuarentañero escudriña al joven estudiante. Ambos se apean del vehículo en la misma parada, en Djurgårdsvägen, e inician el recorrido a pie de los seiscientos metros que distan hasta llegar la delegación española. El cuarentañero, diplomático de un país del continente americano, rompe el hielo e inicia a conversar con el universitario. Tras varias excursiones, en barco, al archipiélago de Estocolmo; después de algunas cenas y otros tantos desayunos; tras diversas tardes en los pasillos del exclusivo centro comercial NK; el diplomático se lanza y le invita a desayunar en su dúplex.

© Fotografía del autor.
El estadounidense Justin le pidió matrimonio a la sueca Emily, su novia, el pasado mes de abril. Hace ahora un mes compartieron en YouTube el espectáculo audiovisual de media hora de duración en el que consistió la propuesta matrimonial. La primera proposición nupcial a la que asistí, como testigo, y que recuerdo fue bastante sosa. La última que he presenciado – y no me refiero a la de Justin y Emily – ha sido bastante divertida. A mí, que me gustan más las bodas – y las propuestas maritales – que a un tonto un lápiz, creo que, puestos a pedirle matrimonio a tu pareja, la escenografía que rodee la pregunta “¿Quieres casarte conmigo?” debe ser espectacular. Los motivos son, fundamentalmente, dos. El primero, cuanto menos insulsa sea la pedida, mejor quedará en el vídeo. El segundo, cuanto más fastuosa sea, menos posibilidades de que la respuesta sea como la del universitario Erasmus al diplomático: No.
Ahora, hazte un café (o un té) y disfruta de la propuesta matrimonial de Justin y Emily. Tómate tu tiempo (y tu bebida), dura media hora.


Y ahora, dale al play y disfruta de lo nuevo del sueco Jonathan Johansson. El tema es “Den brända jorden”.



Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, noviembre 11, 2013

Una boda de cuento

Érase una vez una niña y un niño de 6 y 8 años. La madre de los dos hermanos se sentó una tarde frente a ellos. “¿Recordáis la primera boda a la que fuimos juntos? Se casó el hermano de papá, tío Jaime, con su novio Fede, ¿verdad?”. ¡Sí!, sonrieron los hermanos al unísono mientras recordaban las meriendas con sus tíos. “¿Os acordáis la segunda boda a la que nos invitaron?”. ¡Claro!, respondieron los niños al tiempo que empezaron a recordarle atropelladamente a su madre los detalles del enlace. ¡Se casó tito José con Joao! “Sí, se casó mi hermano con el chico que conoció en Lisboa”, calmó a sus hijos de tanta excitación. “¿Vamos a ir a otra boda?”, inquirieron los pequeños investigadores privados. Sí – respondió la madre – pero esta boda va a ser diferente. Se va a casar tía Julia con su novio Marcos. Las mandíbulas, desencajadas, de los hermanos exclamaron: “¡Una boda como en los cuentos!”.

© Fotografía de Víctor Lax.

Las historias de muchas de las películas hechas en Hollywood a lo largo de las últimas dos décadas – y algunas realizadas más recientemente en Europa – se han desarrollado alrededor de una boda y de las convenciones asociadas a la ceremonia. Desde la pedida, el anillo y la fiesta de compromiso, el vestido de la novia, los votos matrimoniales, la tarta nupcial o los padrinos hasta las damas de honor. Uno de los orígenes narrativos de este tipo de películas se encuentra en las series de televisión, quienes reflejan antes y mejor la cotidianeidad de los que madrugan todos los días para ir a trabajar. De las cinco bodas que los guionistas de Friends incluyeron a lo largo de los diez años de emisión de la serie, la primera de ellas, televisada el 18 de enero de 1996 – repito, la primera de ellas – fue entre dos mujeres. Aviso a navegantes: hace tiempo que no voy de boda y me apetece mucho. Me da igual que sea gay o diferente.

Ahora, si le das al play, disfrutarás del típico vídeo musical en el que chico conoce a chica. O no. El tema es “Utah in Pictures” y la banda es Cut Your Hair.



Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

lunes, noviembre 04, 2013

Cumplir años

En el episodio de la serie Friends titulado “En el que todos cumplen treinta”, Rachel celebra su trigésimo aniversario. El resto de amigos recuerdan, con el objetivo de consolar a su íntima para que supere el hecho vital de abandonar la veintena, los momentos en los que cada uno de ellos cumplió los treinta. Recordaron la borrachera de Mónica en su fiesta de cumpleaños o el enfado de Joey con Dios por dejarle envejecer. Para animarse, Rachel diseña un plan que debe realizar antes de llegar a los 35 y enumera los puntos de su programa: tener su primer hijo, es decir quedarse embarazada a los 34; estar casada un año antes de engendrar al bebé, es decir desposarse a los 33; disponer de un año y medio para planificar el enlace, es decir empezar a programarla a los 31 y medio; comprometerse con su futuro marido un año y medio antes del enlace, es decir a los 30 años; conocer al hombre de su vida unos años antes, es decir…


Una selección de los productos de Sweet Fifties.
© Fotografía del autor.

Una de las pruebas clave que determinan que la edad es una cuestión mental – está en el cerebro, no en el DNI – es que cuando tienes quince años crees que eres un adulto con una gran experiencia en la vida y que, por supuesto, sabes más que tus padres. Otra prueba de que la edad es una cuestión psicológica y no biológica es que cuando realmente eres un adulto, tu intelecto te envía mensajes recordándote que puedes seguir con comportamientos de adolescente. Que no cunda el pánico. No me refiero a Peter Pan. Aludo, por ejemplo, a mi tía Nicolasa de 82 años. Hace unas semanas me invitó a tomar una cerveza en su casa. Mientras me contaba en qué consistían las clases del curso de retórica que estaba haciendo me enseñaba, en su iPad, las fotografías de sus nietos. Le pregunté qué tipo de IPad era. Me respondió que no tenía 3G, que era Wifi y que se lo pirateaba a la vecina.

Ahora dale al play y disfruta del tema “What Do You Wanna Do” de Louise Burns.


Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.