lunes, octubre 07, 2013

Un bocadillo y un vaso de agua

AVE Madrid-Barcelona. Un español y un alemán – y no es un chiste – sentados frente a frente. El español saca un bocadillo de su mochila y, por cortesía, le pregunta al alemán: “¿Quieres probar?”. El alemán, por cortesía, le responde: “Sí, gracias”, al tiempo que le quita el bocadillo de las manos. Esto es, lo que viene siendo, un ejemplo de choque cultural. Una de las preguntas, precisamente, que recibía más frecuentemente, por correo electrónico, de los amigos, cuando me mudé a California, allá por el lejano 2005, era: “¿Cómo llevas el choque cultural?” Mi respuesta siempre fue la misma: por supuesto, había diferencias. Todas ellas, sin embargo, las fui incorporando a mi vida cotidiana sin prácticamente darme cuenta. El verdadero choque cultural lo viví cuando, un año después, regresé a España.


© Fotografía del autor.

Una de las deferencias hosteleras más inherentes a Madrid es ofrecer (o, al menos, no cuestionar cuando un cliente lo pide) un vaso de agua junto a la bebida que hayan pedido, ya sea un café o una cerveza. Una de las deferencias hospederas más inherentes a Catalunya es que los clientes, a media mañana, puedan tomarse en el bar el bocadillo hecho en casa junto a la bebida que hayan solicitado, ya sea un refresco o un té. No recuerdo si cuando llegué por primera vez a Madrid, hace ahora veinte años, me sorprendió tanto el vaso de agua como me sorprende ahora, recién apeado del AVE, que ningún camarero se inmute cuando los parroquianos saquemos de nuestros bolsos los bocadillos traídos de casa. Lo que ya no hago, por si acaso, es preguntar: “¿Queréis probrar?”.

Ahora dale al play y disfruta del tema “Somebody Loves You”. Canta Bettty Who.



Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

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