lunes, septiembre 16, 2013

Hola, Lleida

Lo sé. El pasado lunes no acudí a esta cita. Estaba en Lisboa, sobre la que escribiré la próxima semana. Lo siento mucho, no volverá a ocurrir.

¿Cuántos habitantes tiene Lleida? Ciento cuarenta mil. ¿Y cuántas licencias de taxi? Cuatrocientas veintidós. No importa la ciudad ni el país en el que formule estas preguntas a un taxista. Todos, a la segunda cuestión, responderán lo mismo: Demasiadas. Uno de los placeres de vivir en una ciudad pequeña es poder recorrerla a pie desde un extremo a otro en poco más de media hora sin necesidad de un autobús o un taxi. Un cordial saludo a todos los taxistas. Algunas personas, sin embargo, afectadas por el síndrome de insularidad, verán esta característica que comparten las ciudades de provincias como algo antipático. Uno de los inconvenientes de vivir en provincias es, según me comentaba una amiga de Lleida, “que te conoce todo el mundo”. Ciertos opinarán, sin embargo, que vivir en Madrid o Barcelona no garantiza el anonimato ya que nuestro día a día no deja de desarrollarse en el mismo círculo.


© Fotografía de Manufactura Films.

La escritora norteamericana de principios de siglo XX Willa Cather vivía en un pueblo muy pequeño preocupada por la posibilidad de que sus vecinos supieran que era lesbiana. Cuando se mudó al barrio neoyorquino de Greenwich Village en 1906 le escribió una carta a un amigo. La misiva empezaba con la siguiente nota: “Al fin, en este lugar indescifrable, puedo respirar.” Veinte años después de subirme a un Talgo en dirección a Madrid vuelvo a la ciudad en la que crecí – nací en Teruel. A la villa siguieron Alcalá de Henares, Alcalá de Henares, Oviedo, Estocolmo, Fuerteventura, Barcelona y Santa Barbara. Una de las primeras dudas que me acecharon hace unos meses al apearme del AVE en Lleida fue si podría respirar igual de bien que lo había hecho en el resto de ciudades en los que había vivido. No solo puedo respirar sino que he aprendido a hacerlo mejor.

Ahora dale al play y disfruta del segundo single del primer cantante de country abiertamente gay. El tema es “Stay” y el chulazo se llama Steve Grand.



Hasta el próximo lunes, si la vida lo permite.

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