lunes, julio 25, 2011

Día 3. Y al tercer día, Uvasal.

"Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mí un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba"
Julio Cortázar

Tres días después de llegar a Buenos Aires, confirmo – si no lo había hecho antes – que esta ciudad es muy grande. A partir de hoy posponemos la salida hasta media mañana para no acabar exhaustos. Dedicamos la primera parte del día a recorrer desde la Plaza de Mayo a la Plaza del Congreso. Lo hacemos por la Avenida de Mayo. Arrancamos en Casa Rosada donde reservamos visita para ver el despacho de Cristina el sábado. En la misma Plaza de Mayo, donde todos los jueves se siguen reuniendo las Madres de Mayo, se encuentra el Banco de la Nación Argentina, el Banco Nacional en el que, a diferencia del Banco de España, sí se pueden abrir cuentas bancarias. El interior del edificio, en el que entramos, es muy recomendable. Lástima que no permitieran realizar fotos. Bordeamos la Catedral, el Museo del Cabildo (el edificio blanco) y seguimos por Avenida de Mayo. Pasamos por la puerta del Café Tortoni, que merece visita aparte y algunas líneas más otro día. Cruzamos la avenida más ancha del mundo (o eso dicen), que es la Avenida 9 de Julio. Continuamos por Avenida de Mayo, y pasamos por el Castelar, el hotel donde Lorca se hospedó durante los meses en los que sus “Bodas de Sangre” se representó en el Teatro Avenida, que se encuentra a escasos metros del hotel. La habitación 704 del Castelar, la que utilizó Lorca, funciona actualmente como museo. Llegamos al Congreso, situado frente a una enorme plaza llamada del Congreso, en la que conviven bicicletas gratis y palomas muy bien alimentadas.













Antes de iniciar nuestra segunda parte de la jornada, almorzamos en La Continental, en la Avenida de Mayo, especialista en pizzas y empanadas. Estoy empezando a dudar del país donde se come la mejor pizza del mundo. Retomamos el camino y agarramos la Calle Corrientes, donde caemos, por primera vez, en una de las muchas, coquetas y baratas librerías de Buenos Aires. Entramos en Cúspide Libros. Salimos sin un peso. Llegamos a la plaza de Tribunal, donde divisamos la parte trasera del Teatro Colón, adonde volveremos el próximo lunes para hacer una visita guiada. De ahí tomamos la línea D del Subte (el Metro) – me está costando pero ya no digo coger el metro, coger el autobús ni coger un taxi – en dirección al oeste. Entre los residenciales barrios de Nuñez y Belgrano se encuentra otro llamado Saavedra. Los tres son relindos. En el último nos espera una amiga a tomar mate. En mi caso, té. Después de un paseo por las calles de dichos barrios y elegir la casa donde nos mudaríamos (en un futuro hipotético), llegamos a casa de Deborah, Sebastián y su hija Isabela. Nada más llegar, tres bandejas nos sorprenden. ¡Cómo no va a haber dulces en una casa argentina!” dice Deborah. Sí, los que señala Cristian son Alfajores de Dulce de Leche. A la izquierda, galletitas tipo Pasta Frola y Merenguitos. De vuelta a casa, parada obligada en Farmacity, donde descubrí – obligado por las circunstancias – la gran variedad de sabores que tiene Uvasal. Lo que viene siendo las sales minerales argentinas.




2 comentarios:

JP dijo...

Veo que puedes ir al otro extremo del mundo y las palomas habitarán las plazas igualmente.
Buenos Aires pinta muy bien y espero ansioso todo lujo de detalles del despacho de Cristina, of course.

Ah! y vigila esas pizzas XXL que no sólo de UVASAL vive el hombre

Besazos a tutiplén

LG dijo...

Algo estarás COGIENDO estos días... ¿No? (ya sabes, humor catalán)