lunes, diciembre 13, 2010

Samy

De entre todos los perros que he conocido a lo largo de mis trece años de vida, he sido la única perra pastor catalán que ha comido jamón de bellota. Estos caprichos no te los puedes permitir en casa de los humanos con los que convives todos los días – la comida está siempre a buen recaudo – sino en casa de los que te cuidan algunos fines de semana. Fue en casa de los padrinets donde, después del jamón, me quité el salado de la boca con una caja de bombones. Sí, lo reconozco, comer ha sido una de mis debilidades. Llegada la hora, los humanos se sentaban alrededor de la mesa. Entonces yo, comensal por comensal, me sentaba al lado y acariciaba el regazo con una de las patas delanteras. Oía “No, Samy”, y me dirigía al siguiente comensal. Y así hasta conseguir que alguno de los humanos me diera a probar algo de lo que estaba encima de la mesa. Lo sé, he sido una cabezota con la comida, pero siempre he pedido las cosas muy educadamente.


No sólo de comer viven los perros, también nos gustan las aventuras. De mi vida de perra callejera, no voy a desvelar ninguna de mis aventuras. Además de perra, también he sido toda una señora. Desde que dejé la calle, me he bañado en el Mediterráneo; he correteado por ciudades y pueblos; he conocido el Pirineo de Huesca, el de Girona y el de Lleida; he chapoteado en charcos y lagos; he adorado el agua. Al Mediterráneo iba con mi primo Roko, un ‘Madrileño por el mundo’ con patas muy largas que siempre quería olerme el culo. También iba con Pitufo, mi primo catalán, un pequeño gruñón marrón de patas cortas. Con ambos he callejeado por ciudades grandes y pequeñas. En el Pirineo de Girona me encontraba, año tras año, a mis amigas Betty y Muxu. Lo sé, he sido una perra viajera, pero todos esos kilómetros no los hice sola, me acompañaban humanos: Joan, Anabel, Jordi, Mekdes, Conxita, Joan Carles, Isabel, José Luis, Pilar, Josep Maria, Mari Carmen.



Y hablando de humanos, siempre me fascinó la perspectiva que tienen ante la vida. Los humanos se pasan la vida queriendo ser otra cosa, mientras nosotros los perros sabemos desde que nacemos que somos perros. ¡Y estamos encantados de serlo! El problema está en que los humanos sólo pueden tener una perspectiva ante la vida, la humana. La perspectiva que tenemos los perros es mucho más rica. Mi vida perruna ha sido la mejor prueba de lo que decía la abuela de Anabel – y repetía ella casi cada día: “En una vida hay muchas vidas”. Anabel me ayudó a que contara todas mis vidas en un blog. También me ayudó a relacionarme por igual con niños y con libros – es lo que tiene haber vivido con una bibliotecaria madre de familia. También me ha ayudado a morir, que también es parte de la vida. En una ocasión leí un verso de Lorca en un libro que Anabel dejó abierto: “Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir”.


Llegué a la vida en el otoño de 1997 y, como dicen los americanos, “me pusieron a dormir” el pasado sábado 11 de diciembre de 2010.

Ahora dale al play y escucha la música de Michel Camilo. El tema, “And Sammy walked in”.

Hasta el próximo lunes.

4 comentarios:

Nela dijo...

El mejor de los homenajes, sí Señor. Besotes.

Maitusca dijo...

Llevaste una vida perra espectacular y maravillosa. Tuviste la suerte de nacer entre gente especial, sensible y culta. También entre infantes. Moriste con dignidad y habiendo vivido intensamente. Y eso en los tiempos veloces que corren es una suerte. En el paraiso de los perros te harán reina, o embajadora, o directamente reportera del complicado mundo de los humanos. Descansa en paz, cuida y guía los que te acompañan

Gloria Arranz dijo...

Te echaremos de menos pero, a partir de ahora, todo lo que pillemos de la mesa será a medias contigo. Es mas, estoy viendo un charquito de agua sucia delante mio y me voy a tirar de cabeza ahora mismo en tu honor.
¡¡Ahi vaaaaaaa¡¡¡¡
¡¡¡¡CHOOOOOFFFFFFFF¡¡¡¡

Betty y Muxu (Sammy forever)

Anónimo dijo...

Precioso!!!!
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