lunes, septiembre 27, 2010

Me estoy cagando y no es de miedo

Estos son dos americanas, un japonés y un alemán y no es un chiste. Jenny y Lindsay, dos turistas americanas, están de vacaciones por Europa. En su parada en Alemania deciden ir a una discoteca a las afueras de la ciudad. De camino, una de las ruedas del coche de alquiler se pincha. Deciden abandonar el coche e ir andando, bosque a través, en busca de ayuda. Divisan luz en una casa. Es la del Doctor Heiter, un cirujano especializado en separar siameses. Ya jubilado, ha decidido experimentar haciendo todo lo contrario: unir humanos a través del aparato digestivo. Lo hace en el sótano de su casa, convertido en un pequeño hospital. El primer paso del proyecto que tiene en mente – un ciempiés humano – es unir tres humanos. Las americanas Jenny y Lindsay y el japonés Katsuro serán las tres primeras piezas. Todo esto sucede en la primera parte de la trilogía “El Ciempiés Humano”. El País se preguntaba en verano si es la película más asquerosa de la historia.



El mundo siempre ha sido 2.0. Este compró el huevo, este enciende el ordenador del compañero antes de que llegue, este lo frió, este avisa cuando llega el jefe, este le echó la sal, este cuida de su sobrino los viernes por la noche, este lo probó, este ayuda siempre a sus amigos a que liguen y esté se lo comió. La sociedad, antes de que llegara la tecnología, ya era colaborativa. Los siguientes son textos reales de carteles no oficiales vistos en aseos de diferentes edificios públicos. Uno, “Este cuarto de aseo es para el uso de personas. Es decir, la limpieza y la higiene del mismo dependen del uso que hagamos cada uno de nosotros. Piensa, antes de irte, como te gustaría que estuviera cuando volvieras a usarlo”. Dos, “Atención: cuanto termines la faena tira de la cadena y si queda la cosilla utiliza la ESCOBILLA”. Tres, “Por favor e higiene, cuando terminen de usar el urinario (donde se hace pis) den al botón del agua para que ésta caiga. Evitaremos los malos olores. Gracias”.


Tres amigos. Uno: comparte el amigo Javier vía Facebook una fotografía de los renovados aseos de su empresa. La foto, justo encima de este párrafo, muestra en un único espacio dos lavabos, dos urinarios y dos retretes. Compartir es vivir, dicen, aunque no sé si cualquier espacio y cualquier momento es bueno para compartir. Dos: una de las reglas no escritas de la amiga María José es no hablar de ninguna cuestión relacionada de cintura para abajo. Ella es de la escuela de Josemi Rodríguez Sieiro. Los Lomanistas sabemos, después de haber leído “Los Diez Mandamientos de la Mujer Once”, que una de las primeras preguntas que debemos hacer por la mañana a las personas que queremos es “¿Has evacuado bien?”. Tres: una de las críticas de la amiga Sandra a la última película protagonizada por Leonardo di Caprio – Inception – es dónde y cuándo evacúan sus protagonistas. Me pregunto de dónde vienen los reparos a mencionar caca, pedo, culo, pis…

Ahora dale al play y disfruta del espectáculo visual y sonoro de OK Go con su White Knuckles.

Hasta el próximo lunes.

lunes, septiembre 20, 2010

Nada volverá a ser como antes

“Hay dos tipos de hombres. Los que dejan de beber alcohol cuando se casan y lo que empiezan a hacerlo el día de su boda” le espeta Maggie, una espectacular mujer sureña en la América de los años cincuenta a su marido Brick, un ex deportista profesional debido a sus problemas con el alcohol y consigo mismo. La discusión de Brick y Maggie transcurre en la casa familiar de los padres de Brick, enclavada en una plantación de algodón. Es el cumpleaños del padre de Brick. Acuden Gooper, el hermano de Brick, su mujer y sus cinco hijos. La disputa por la herencia del padre y las difíciles relaciones entre todos los miembros de la familia, se convierten en el hilo conductor de “La gata sobre el tejado de zinc”. En uno de los diálogos entre Brick y su padre, éste – en la recta final de su vida – le espeta a su hijo: “Odio las disculpas. Si fue algo que hiciste, no lo hagas otra vez. Si fue algo que no hiciste, hazlo. […] Yo tengo huevos para morir. ¿Tienes tú huevos para vivir?”.


Una noche como la de hoy de hace exactamente cinco años, un chico de 29 años llamaba al programa Hablar por Hablar de la Cadena SER. El motivo de su llamada, tenía su vida empaquetada en tres maletas y una mochila. A la mañana siguiente, tomaría un vuelo a Los Angeles para vivir un tiempo frente al Pacífico. ¿Qué llevas en la maleta?, preguntó Mara Torres. Semanas antes de partir – contestó el joven – mientras planeaba las maletas, comprobé que no cabría todo lo que quería llevarme. Es una sensación rara – continuó el joven – porque compruebas que en tres maletas y una mochila cabe toda una vida y, por muchas cosas que no quepan, siempre hay hueco para todos los miedos. El miedo a empezar algo nuevo. En palabras de Vetusta Morla, “El valor para marcharse el miedo a llegar”. El chico llegó a Los Angeles. Estudió, hizo amigos, trabajó, vio nacer Facebook, tuvo sexo, escribió, vio nacer Youtube, viajó, empezó este blog.


Gillian Welch es una cantante y compositora americana. Su música, entre country, pop y música rural, ha ganado premios y ha formado parte de diferentes bandas sonoras. Gillian Welch, quien acude a muchos festivales de música popular, forma dúo musical con David Rawlings. En el concierto homenaje que ambos dieron a John Hartford, uno de los temas fue “In Tall Buildings”. Justo antes, Welch presentaba la canción como un tema triste, un tema que habría motivado a mucha gente a dejar sus trabajos: “Algún día, cuando sea un hombre; y otros me hayan enseñado; lo mejor que hayan podido; me venderán un traje; me cortarán el pelo; y me enviarán a trabajar a edificios altos. Y será decir adiós al amanecer; adiós al rocío; adiós a las flores; y adiós a ti […] Y cuando me retire; y mi vida sea mía; haya pagado todas mis facturas; será la hora de volver a casa; y preguntarme qué ha pasado; entre una cosa y otra; cuando fui a trabajar a edificios altos”.


Quedan menos de veinticuatro horas para que empiece oficialmente el otoño. Con él, la hora de hacer balance y de elaborar la lista de nuevos propósitos. Queremos llenar el carrito de actividades extraescolares con aquellas que huelan a nuevo: aprender Japonés o practicar Bossaball. Creemos que el olor a papelería al estrenar un cuaderno nuevo nos va a ayudar a olvidar los proyectos inacabados de otros años. Frente a los largos listados de objetivos de años anteriores, tengo un único propósito para el año que hoy empieza: quitarme unas cuantas espinitas. Nada de empezar algo nuevo. Voy a dedicarme a aquellas actividades personales que siempre han estado ahí y a las que nunca le he prestado mucha atención. Las espinitas son tres. No quiero preguntarme dentro de unos años “qué ha pasado; entre una cosa y otra; cuando fui a trabajar a edificios altos”. Dentro de unos años quiero responder con un sí la pregunta “¿Tienes huevos para vivir?”.

Ahora dale al play y disfruta de la voz y el tupé del sueco Jonathan Johansson. El tema, En Hand i Himlen – Una mano en el cielo. El vídeo fue rodado en Estocolmo, Lisboa, París, Barcelona y Pamplona.

Hasta el próximo lunes.