lunes, noviembre 09, 2009

No creo en Dios, sólo creo en Paul Auster

Imagina que estás sentado en el metro, abres el bolso y empiezas a leer la última novela de Paul Auster. Aunque no es hora punta, ningún asiento está libre y hay bastante gente de pie en el vagón. Imagina que no has pasado la primera página y, en la novela, un escritor coge el metro para ir de Brooklyn a Manhattan. El personaje de la novela que estás leyendo está, igual que tú, sentado en un vagón bastante concurrido. Imagina que dos párrafos más tarde, se produce un apagón en el metro de la novela. Buen comienzo, piensas. La próxima parada es la tuya, así que guardas de nuevo el libro en el bolso, te levantas y se produce en apagón en el metro en el que viajas. Imagina que al comprar la última novela de Paul Auster te acordaste del buen amigo que te descubrió años atrás al autor de Trilogía de Nueva York. Imagina que, días después del apagón del metro en el que viajabas, telefoneas al amigo que te presentó – literariamente hablando – a Paul Auster. Imagina que te comenta que hace unos días también ha comenzado a leer la última novela de Auster, y que igualmente lo ha hecho en el metro de vuelta a casa. Imagina que tu buen amigo te comenta que, mientras leía el párrafo que narraba el apagón en el Metro de Nueva York, se produjo un apagón en el metro en el que viajaba.

Gerry es un escritor fracasado – siempre me he preguntado si un escritor fracasado es lo mismo que un fontanero fracasado – que convive con su novia Helen. Mientras Helen trabaja dentro y fuera de casa, Gerry trabaja en casa, intentando escribir un libro. Entre párrafo y párrafo, se acuesta con Lydia, su ex, que es una jefa mala malísima de una empresa de comunicación. Helen es Relaciones Públicas. Helen pilla a su novio en la cama con su ex el mismo día en el que le despiden. Por otro lado, Lydia se cansa de Gerry y le deja. Afortunadamente, Helen conoce a otro chico, del que se enamora y consigue otro trabajo, en el que realmente valoran su labor. Gerry, Lydia y Helen no son nombres ficticios de amigos reales. Aunque podrían serlo. En realidad son los protagonistas de la película Sliding Doors. ¿De qué depende que Helen se dé cuenta que su novio le está siendo desleal? ¿El sino? No he querido reincidir en mi post de hace un año sobre el azar, la suerte y la casualidad. He querido, con la ayuda del buen amigo que me introdujo a Paul Auster, definir qué es una conexión Paul Auster. “No son sólo coincidencias o carambolas, son más situaciones azarosas, reduplicadas, ironías de la vida, vidas o sucesos paralelos.”

Ahora dale al play y disfruta de la letra y la música del norteamericano Mayer Hawthorne. El tema, Just Ain’t Gonna Work Out.

Hasta el próximo lunes.

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