lunes, mayo 18, 2009

Debajo

“Todos tenemos secretos, ¿no?”


María y Pablo, Juan y Pedro, Ana y Lucía, Javier y Marcos. Grupo de amigos (y parejas) que viven en una gran ciudad. Son más de diez años compartiendo amistad, viajes, momentos duros, celebraciones. Se ven (casi) todos los días y comparten (casi) todos sus secretos. Más allá de la fachada de sus vidas cotidianas, cada uno de ellos esconde secretos que no comparte con su pareja. Tampoco con sus amigos. María, que convive con Pablo, mantiene una relación paralela con un compañero de trabajo. Juan, que está casado con Pedro, recuerda los abusos que su padre ejerció sobre él. Ana, que mantiene una relación a distancia con Lucía, desconoce que Lucía está casada y tiene un hijo. Javier, que está organizando su boda con Marcos, no sabe que Marcos es consumidor habitual de cocaína.




Me descubro realizando, a modo de jubilado, el seguimiento a una obra de reforma de un local. El taller de la Peugeot, un clásico del barrio, se marcha fuera de la ciudad. Los parquímetros también son un motivo de deslocalización económica. El antiguo taller, un local diáfano, deja paso a la versión pija de uno de los supermercados más económicos. Cambio de suelo, nuevos tabiques, parking para los clientes. Observo detenidamente la transformación de la fachada. Los grandes luminosos de la Peugeot escondían los antiguos rótulos, pintados sobre la fachada del “Garaje Chile”. La nueva fachada, compuesta de azulejos y un nuevo luminoso, esconde de nuevo – sin destruirlos –los antiguos rótulos. La secuencia fotográfica demuestra lo que esta fachada esconde debajo.



“¿La Blogola cierra en Semana Santa?” “¿Y Feria?” “Aguardando las updates de La Blogola...” “Echo de menos tus Blogolas, cuéntame cómo andas...” “Vaya, va a resultar que esto también es de Ikea y ¡ya se ha acabado!... Es lo que tiene la postmodernidad.” “Que estaba aquí pensando y blogueando y se me antojaba leerte. Puede quedar un poco seco, pero podías hacer una entrada esta semana? Es que se echa ya de menos. Supongo que estarás de flojera, astenia o bajón, pero débete a tus fans, leches.” “Es siempre fácil y placentero leerte, lo hice un par de veces en tu blog y me cague de risa…” Gracias a todos por echarme de menos. La llegada de la primavera no me sienta nada bien. Ni física ni mentalmente. Se acaba el invierno y mi bajón y yo nos escondemos, año tras año, debajo de la fachada de la vida cotidiana.


Dale al play y escucha a Alexander Ribak y su tema Fairytale, representante de Noruega en Eurovisión 2009 y ganador del Festival.





Hasta cualquier lunes de estos.

9 comentarios:

Fernando dijo...

Así sí, José Luís, así sí.
Muchas gracias.

Lo que pasa es que le tienes alergia a la rebequita de entretiempo. Cuando saques del armario la camiseta reivindicativa te pondrás en plan gallito, y así dará gusto.

Halo dijo...

no tienes corazón... bueno sí.... qué tal las vacas!!!!!

Anónimo dijo...

Ay que alegría, ay que alegría, voy dando saltos to'l santo dia, lere lere lere le lere leraaaa!!!!
¡Qué bien, ha vuelto la blogola para alegrar el comienzo de semana a los que, como tu, sufrimos con la puta primavera y tememos los rigores del verano!
Tan interante y bien escrito como siempre.
Un beso
Paz

marisabel dijo...

Yo también inverno en primavera...

Nela dijo...

Pues yo que me alegro que hayas vuelto de tu (...). Si es que te pongas como te pongas, la primavera siempre altera. Lo de las fachadas...tema chungo, pero muy cierto. La vida es Asín.
Besotes

marisabel dijo...

He dicho "inverno", pues eso, "pasar el invierno en un lugar"... indeterminado

Carmen dijo...

Bienvenido!!!!!! Nos has alegrado la tarde a Marcos y mí, que estamos aquí leyendo..Te he echado mucho de menos, por cierto que a Marcos le ha gustado el vídeo de esta semana... Besitos

Anónimo dijo...

Jose Luís,
Me sumo por supuesto a las albricias arriba formuladas por tu 'retonno' (Millán Salcedo, divinidad), y comparto la observación sobre tu posible alergia a la rebequita de entretiempo (con lo bien que nos queda sin meter los brazos en las mangas, sino con ese toque de siempre clásica distinción de llevarla puesta sólo sobre los hombros) ;-)
Me ha hecho pensar tu historia sobre los secretos bien ocultos en una frase que leí en un libro de Marguerite Duras. No la transcribo textual, pero era algo como que una mujer que escribe siempre esconde sus escritos de su amante. Creo que era algo contrario a esa forma de tapar secretos vergonzosos y en los que arrastras mal a la vida de quien está contigo. Esos secretos que se vuelven venenos...
Por otro lado, me ha encantado la historia visual de las metamorfosis de esa fachada y ese local. ;-)
Un beso y aguardando más blogolas!

alicia

Gonzalo dijo...

mi querido Jose Luis! que bueno que estas de vuelta! solo dos palabras para vos:

VERANO EN NY!

un abrazo!