lunes, diciembre 15, 2008

Limpiaparabrisas

Domingo, 8 de diciembre de 2002. Quedo con Chus para comer en un restaurante peruano de Malasaña. Me quejo, entre otras muchas cosas, de la vida sin pareja. Le digo adiós a Chus en la Glorieta de Bilbao. Me dirijo al Metro para volver a casa. Me cruzo con Javier, un chico de unos veintitantos, tan alto como yo, moreno, delgadito, con unas enormes gafas de pasta negra. Me quedo mirándole, y cuando me doy cuenta, él está haciendo lo mismo. Lunes, 9 de diciembre de 2002. Cenamos en La Bardemcilla. Hablamos, hablamos y hablamos. Salimos a la calle y sigue lloviendo con la misma intensidad desde que empezó a media tarde. Los dos, bajo su inmenso paraguas. Nos vamos a su casa. Dormimos, abrazados, dos horas. Suena el despertador. Yo en la ducha, Javier en la cocina. Desayunamos. Salgo de su casa antes de las siete. Paso por casa, paseo a Roko, me voy a trabajar.

Odio diciembre. Empieza el mes y, el día internacional de la lucha contra el VIH SIDA, las cifras de la pandemia no permiten ser optimistas. Pasa una semana y, año tras año, recuerdo al único hombre del que he estado enamorado. Más elementos estresantes que trae diciembre. Un puente que, según el año, es cada vez más raro. La velocidad con la que, todos los años, llega el solsticio de invierno. Antes está el 18, el día del cumpleaños de Rafa, una amistad que me gustaría no perder (del todo). Ya sin calvo, el día 22, no es un elemento estresante. Hasta que alguno de los reporteros de Callejeros se haga con el puesto del calvo. “Que tengas suerte, bonita.” Nochebuena, Navidad. Hagamos el sorteo de con quién nos toca cenar y cuándo. “Que tengas suerte, bonita.” Los días más raros del año, desde Sant Esteve a Nochevieja. Llega el 31 de diciembre y, en 1988, muere mi padre. Odio diciembre.

La película La frontière de l’aube del director francés Philippe Garrel destaca negativamente por la mala construcción de la historia y de los personajes. Destaca, también negativamente, por la mala interpretación de sus dos protagonistas. Él, Louis Garrel – hijo del director; ella, Laura Smet. La película, cuyos subtítulos sincronizo, destaca positivamente por tres teorías. La primera, puesta en boca de su protagonista: “Cuando hayan muerto todos los supervivientes de campos de concentración, empezará la III Guerra Mundial.” La segunda teoría, puesta en boca de un personaje secundario, cuyo único texto coincide con la explicación de la teoría: “Soy antisemita. Yo soy el odio. El mundo se divide entre judíos y antisemitas. Y en el segundo grupo estoy yo.” La tercera teoría se desarrolla entre dos personajes secundarios: “El amor es como el movimiento de los limpiaparabrisas. Se aproximan, pero nunca llegan a tocarse.” El interlocutor le responde “Sí, pero hay algunos que sí llegan a juntarse.” Contesta el primero “Esos no es amor, eso es amistad.” No me resigno a ser el limpiaparabrisas trasero, que siempre va solo, añado.

Ahora dale al play y escucha al trío Acuario, capitaneado por Mayra Gómez Kemp, interpretando el tema “Eso es el amor.”



Hasta el próximo lunes.

6 comentarios:

Doctora Queer dijo...

Afortunadamente no somos limpiaparabrisas... ánimo con los gafapasta, suelen dar buen resultado ;)

Halo dijo...

tascomprao un coche????

Fernando dijo...

Qué polvazo tenía la Maira en aquellos tiempos...
Por algún lado leí que en sus tiempos mozos salió en la versión en español de The Rocky Horror Show.

marisabel dijo...

No me gusta la teoría de los limpiaparabrisas. Limpiar y Amor son incompatibles en muchos aspectos, ja,ja,ja...

Nela dijo...

Vaya, me ha has hecho ver otra perspectiva. Si fuese un limpiaparabrisas, sería el trasero, sin duda.
Qué asco de lunes. Y de diciembre.
Besos, corazón.

Anónimo dijo...

Concentrate en el día a día, el pasado ya no tiene remedio, y el futuro sólo se escribe desde el presente. Concentrate en él, y carpe diem.

Deja de fustigarte, que con ello lo único que sucede es que se te pasaran las oportunidades.