miércoles, julio 18, 2007

Verano de... 2000

- Eva, a finales de septiembre me volveré a la península…
- ¡Por favor! ¡No lo hagas…!
- Me lo he pasado genial esta temporada trabajando como animador turístico. Sin embargo, cierro ahora una etapa y debo abrir otra nueva…
- Tienes razón, pequeñín… Pero os voy a echar mucho de menos tanto a ti como a Esther. Hemos sido el mejor equipo de todas las islas…
- Corazón, cuando se cierra una puerta se abre una ventana... aunque tengas que escalar hasta ella…

Verano de… 2000

Me lo paso genial encima del escenario, aunque en el camerino – maquillándome antes de salir o entre actuaciones – me lo paso igual de bien. Es jueves, y como cada dos semanas, toca la Noche Travesti. Ropa interior y body negros, medias de rejilla, vestido rojo francés, peluca Marilyn y plataformas grises majoreras. Estoy lista. ¡Comienza el espectáculo!


El escenario se llena de humo y suena el tema Finally de CeCe Penniston, incluido en “Priscila, Reina del Desierto.” Salgo al escenario y comienzo a bailar, me mezclo con el público, lanzo besos, recibo piropos… El verano del año 2000 – como Animador Turístico en Fuerteventura - fue intenso. Después del potente desayuno en el Hotel, el día continuaba con los ensayos y la preparación del espectáculo nocturno. Miles fueron las personas que pasaron por el Hotel, las que se fotografiaron con nosotros – de día en la piscina o de noche sobre el escenario – miles fueron las anécdotas que aún recuerdo. El equipo: Eva, Esther, Betina y Ev. Durante la comida en el Hotel con el resto del personal, le tiraba diariamente los tejos a Juan Antonio. La canariona Esther apuntillaba “Este huevo quiere sal.” Las noches era la parte más divertida del día: nuestras mejores galas, espectáculo nocturno, público entregado. Elegir la mejor travesti entre los clientes era la misión de la Noche Travesti. Sobre los 20 centímetros de plataforma, intentaba que el público lo pasara igual de bien que yo encima del escenario.

Rubí: Amor Prohibido, por Mijita Malaleshe
Capítulo 2

Mario Jesús Alberto no consigue dejar el pueblo. Léase… la puta de Consolación se sale con la suya (por el momento)

La mejor amiga de Mario Jesús Alberto, Maria de la Consolación, enamorada de él en secreto y furiosa de celos, maquina un perverso plan para que este no pueda abandonar el pueblo y no encuentre nunca jamás a su amol veldadero, Victoria Patricia Rubí.

Mario Jesús Alberto, que no tiene carné de conducción porque desde pequeño no sabe nadar (léase… es un cagao: le da miedo el agua, los coches, las motos, el puenting, el rafting, las mujeres que se cuelan en la carnicería… en fin todos los deportes de riesgo, menos el amol), decide ir en autobús a la gran ciudad y preguntar en el bar los horarios, porque nunca jamás había salido antes de su pueblo.

Pero en esto que la perversa Maria de la Consolación (léase… la mu guarra), arranca disimuladamente el cartel de horarios del autobús del bar de su pueblo y en un plis plas (porque domina el Excel) los cambia totalmente. Después de imprimirlo, sigilosamente lo cuelga de nuevo en el tablón de anuncios del bar de su pueblo, sin que nadie se percate, haciendo que el pobre Mario Jesús Alberto se confunda y pierda el autobús que le llevará hasta su amol veldadero.

No me malinterpreten 第 2 章, por Fernandito y Yoshikín
Hoy presentamos: Los pesaos de los hostos. Era el mayo del 2006 cuando la Milagritos y yo nos quedábamos las horas muertas en la plaza que conecta la JR Kyoubashi con la línea Hankyu comiendo cheese cake mini y viendo a los hostos. Los hostos (Hosto, léase con h espirada, del inglés Host) tenían un aspecto muy divertido. Iban de dandys juveniles, con sus trajes caros, sus cinturones de brillantes y sus peinados horteras. No paraban de molestar a las OL's (office lady) y demás chicas que pudieran aparentar un mínimo de poder adquisitivo. En cuanto aparecía un grupo de OL's o alguna sola nos poníamos a contar: uno... dos... tres... ¡y zas! No habíamos llegado a diez y ya estaba el hosto de turno pegado a ellas diciéndolas nosabíamosqué. La mayoría negaba con la cabeza y aligeraban el paso; pero otras se hacían las remolonas, e incluso terminaban acompañando al chaval. Milagritos y yo no parábamos de hacer teorías sobre qué les decían y ofrecían. La mayoría de estos chavales no pasaban los veinticinco años, pero había un hombre, más entrado en años, con un traje más sobrio y un teléfono móvil que de súbito acercaba a la oreja de su presa. Si esta se paraba y oía lo que le decían a través, nadie lo sabe, pero se iban corriendo. Nosotros, con nuestro cheese cake mini, sentaditos, a una distancia prudencial, fantaseábamos, disfrutando de nuestra condición de extranjeros ignorantes en la Osaka de mis amores. Meses más tarde, ya en mi destierro madrileño, descubrí, gracias al P2P, un interesante documental hecho por franceses acerca del negocio de los hostos. Casi todas mis dudas se vieron aclaradas. Una hora y media de morbo imparable, de terminar de comprender una parte tan importante de la vida nocturna japonesa, del solitario espíritu de algunos nipones, DE ALUCINAR EN COLORES. El documental se llama "The great happiness space". Aquí os dejo con los diez primeros minutos que subieron al tube los del blog Rarito. El resto no dudéis en buscarlo en vuestra mula o torrente favorito y pasadlo pipa, como perras morbosas.


Hasta la próxima semana, si José Luis quiere.

Tormenta de Verano de… 2000



Hasta la próxima semana.

6 comentarios:

marisabel dijo...

Si es lo que yo digo: "La vida es un Musical" Nunca te había visto tan guapa!

Lady Godiva dijo...

Jose luis Jose luis, que caja de sorpresas, no sabia que te habias subido a unas plataformas con su escenario....divina estas..preparada para el baile y en la brillante noche....
SALUDOS MURCIANOS.
que pases un feliz verano

marisabel dijo...

La Blogola, la revista de verano que sale en invierno!

Halo dijo...

felicidades!!!!!

Anónimo dijo...

felicidades con retraso!!! y que cumplas muchos más. Encontre tu blog de casualidad y me parece genial.

José Luis dijo...

Anónimo,
Muchas gracias por el comentario y por felicitación, pero... ¿quién eres?
Besos,
J.