lunes, junio 25, 2007

Cuestión de Orgullo

- ¿Vas a ir a la manifestación del Orgullo del sábado?
- Todavía no lo he decidido, pero creo que no…
- ¿Y eso?
- Ya podemos casarnos, ¿no? ¿Para qué más manifestaciones?
- ¿Cómo que para qué más manifas? Vamos a ver, nena… ¿Qué pasa, que con poder casarse ya está todo conseguido?
- Sí… ¿no?
- ¿Y qué pasa con la discriminación en el trabajo por orientación sexual? ¿Y qué pasa con la homofobia?
- …
- Nena, desgraciadamente, siguen existiendo motivos.




Junio de 1998. Vivía en la calle Daoiz y Velarde de Alcalá de Henares. Era la primera vez que iba a participar en la manifestación del Orgullo Gay y era la primera vez que recuerdo estar enamorado. Conocí a Eugenio en la antigua aula de informática de la facultad. Después de un par de bolsitas de té en La Tertulia, él me tenía entre sus brazos y yo le sentía entre los míos. Por separado, participamos en la manifestación. Días antes me reencontré con un amor de la adolescencia, Maribel. Fue con ella, con su novia y sus amigas con las que me manifesté desde la Puerta de Alcalá. Aún recuerdo aquella noche en la que, entrada la madrugada, recorrimos las calles de Madrid en el coche de la chica de Maribel – ellas cantando delante; nosotros besándonos detrás – hasta llevar a Eugenio a su casa.

Junio de 2003. Ya en Madrid, Fátima y yo organizamos en casa la primera comida con motivo del Orgullo Gay. Un buen número de amigos nos reunimos en la calle Chile para comer, escuchar música y prepararnos para la manifestación. Dejan, desde Suecia, me visitaba por primera vez. Fue – en muchos sentidos - un Orgullo intenso. También lo fue el verano: trabajaba de sol a sol para fineses y belgas; me enamoraba de Miguel; las cámaras de televisión, Ana y Geles ocupaban mi casa para Documentos TV; creí que Natalia podía ser una buena amiga; desconocía el rumbo que mi vida iba a tomar a final de año… Durante el verano cumplí los 27 y mi hermana Anabel se venía desde la playa a pasar el día de mi cumpleaños conmigo. Dejan recorrió de turista media España y yo media Europa por trabajo.

30 de Junio de 2007 ¿Quién se anima a formar parte de la Historia?

Get Happy, con Judy Garland. Tomad nota de la letra de la canción.



A partir de la próxima semana, La Blogola del Verano.

lunes, junio 18, 2007

Síndrome de Estocolmo

- Disculpa, ¿nos conocemos?
- En realidad somos vecinos…
- Llevas días siguiéndome… ¿te puedo ayudar en algo?
- Pensaba que no te habías dado cuenta…
- Hace días que me di cuenta que me vigilas… No te ví peligroso y pensé “vamos a jugar un rato”…
- …
- ¿Tienes un perro, no?
- Sí…
- ¿Nos tomamos una cerveza?




Has escuchado el tema Suddenly I See interpretado por KT Tunstall.


Todo empieza en Estocolmo. En 1973, hace ahora 34 años, un atraco en un banco de la capital sueca, los ladrones retuvieron a los empleados del banco durante varios días. En el momento de la liberación, un periodista fotografió la escena en que una de los rehenes y uno de los captores se besaban. Este hecho sirvió para denominar como “Síndrome de Estocolmo” las conductas de afectividad que muestran algunos rehenes hacia sus secuestradores y viceversa.

La primera novela de José Luis Sampedro se titula Congreso en Estocolmo, cuyo protagonista es un catedrático de matemáticas de un instituto de Soria que es invitado a un congreso en la capital sueca. Allí conocerá a colegas de profesión que le harán replantearse su forma de vida. Fue también en Suecia donde por primera vez me pasó algo que se ha vuelto a repetir en los últimos años. La última ocasión, hace unas semanas. Estocolmo, una noche del otoño de 1999. Dejan y yo nos tomamos una copa en un bar de ambiente del centro de la ciudad. Flirteo con el camarero y, él detrás de la barra, yo delante, empezamos a besarnos. Después de invitarme a una copa y besarme de nuevo me pregunta: “¿Ves aquella chica de los pantalones verdes?” Sí, le respondí. “Es mi novia.”

Años más tarde, una tarde de verano de 2002 en la capital sueca. Estamos invitados a una fiesta en una azotea del barrio de Kungsholmen. Grupo muy heterogéneo de gente que baila, bebe, charla y flirtea. Empezando por el final, flirteo con el anfitrión y dj de la fiesta. Después de un par de copas y de abierto flirteo, me espeta: “Espera un momento, que quiero presentarte a mi novia.”


California, enero de 2006. Estoy trabajando en el despacho de la Universidad cuando entra un chico preguntando por Carola. “¡Qué alumno más guapo tiene mi jefa!” pensé. Antes de preguntarle nada, me saluda, abre su mochila y deja una bolsa sobre la mesa. “¿Puedes decirle a Carola que le dejé su comida? Se la olvidó esta mañana al salir de casa…”

Madrid, otoño de 2006. Salgo de la biblioteca y mi amiga Ana me presenta a un par de amigos suyos, Toni y Rafa. “¡Qué bueno está Toni!”, pensé. Semanas más tarde de flirteo abierto con Toni, tomando un café, llega Ana con una amiga, Carmen, novia de Toni.

Mi amiga Anna solía decirme que lo que me ponen a mí son los retos. Después de un par de semanas secuestrado en el tercer piso de mi mismo edificio, vuelvo con un diagnóstico de mi médico de cabecera: Síndrome de Estocolmo. Después de seguir durante varios días a mi vecino, F. V. P. A., éste me ha retenido en su casa casi dos semanas. Quería saber por qué le seguía y si trabajaba para algún servicio secreto de algún país. Mi médico María Jesús me ha confirmado que padezco el síndrome de la capital sueca, por lo que no soy objetivo al recordar aquí cómo me ha tratado durante el cautiverio. ¿Alguien ha sentido alguna vez atracción o afectividad hacia la persona que le estaba haciendo daño?



Esta semana, doble ración musical. Disfruta del directo de Jack Johnson, compañero de la Universidad de California. El tema, Upside Down.



Hasta la próxima semana.

lunes, junio 04, 2007

Obsesiones

- Buenos días Roko, ¿estás listo para correr?
- Es lunes y son las siete de la mañana…
- Roko, ya te dije que íbamos a correr tres días por semana…
- Me parece genial que te quieras poner en forma, pero ¿qué necesidad tiene un perro de levantarse a estas horas?
- La fama cuesta…




Antes de continuar leyendo, tres cuestiones. Primero, ¿podría alguien explicarme el anuncio de Estrella Damm que acabáis de ver? Segundo, echadle un vistazo a la remozada área que tenéis a la derecha de vuestra pantalla. Tercero, ¿por qué nadie se atreve a escribir comentarios en el blog?

En algo menos de cuatro semanas estaré corriendo la
Maratón 10 kilómetros de Orgullo. ¿Alguien se apunta? Para entrenarme para la carrera, para ponerme en forma, para parecerme al modelo del anuncio, o para luchar contra mis obsesiones, tres días a la semana me levanto a las siete de la mañana y salgo a la calle a correr con Roko. ¿Obsesiones? Que se levante de la silla el que no tenga ninguna. Dice el Diccionario de la RAE que una obsesión es una “perturbación anímica producida por una idea fija; idea que con tenaz persistencia asalta la mente.” Mi penúltima obsesión – nunca se puede decir que es la última – es mi vecino del tercero.

Otra de mis obsesiones es lavarme las manos. Es lo primero que hago por la mañana y lo último antes de irme a dormir. Me lavo las manos antes de salir de casa y cuando vuelvo. Antes y después de ir al baño. La primera vez que entré en un baño público en Estados Unidos, me llamó la atención el siguiente cartel.



¡Vaya obviedad!, pensé, al mismo tiempo que me lavaba las manos. De vuelta en España, he observado que muy pocas personas se lavan las manos después de ir a un baño público. Y con las mismas manos que han utilizado para entrar en él, salen para abrazar a sus amigos, besar a sus parejas o coger una patata frita del bol que está encima de la barra. Quien no lo haga, hazte – y haznos – un favor y lávate las manos después de ir al baño.

Mi vecino, otra de mis obsesiones. Viernes, 07:07 de la mañana. Salgo a correr con Roko y la moto no está aparcada. Las jornadas de viernes y sábados las tendré ocupadas, me dije, cuando me inscribí en el enésimo curso que hago desde que volví de California. Mayor número de ocupaciones, menos número de obsesiones, pensé. Los viernes suena el despertador a las 06:55. Escucho las noticias de las siete en la radio, desde la cama. Abro las ventanas. Salgo a correr al Parque Berlín. Nos cruzamos con dos personas que también están corriendo y varios paseadores de perros. 08:17 de la mañana. Regresamos a casa y veo la moto, aún caliente, apoyada en la pared. Roko, toma tu comida, me voy a la ducha. Por arriba, camiseta azul. Por abajo, vaqueros azules. Preparo el té.

Cuando me mudé a esta casa, Fátima, Félix, Roko y yo hicimos bajar la edad media del bloque unos veinte años. Cuando regresé de California, me encontré con un nuevo vecino: veintitantos, igual de alto que yo, moreno, buen cuerpo, atractivo… Al principio, nos cruzamos algunos saludos, pero no me atreví a ir más lejos. Ahora me lo encuentro con menos frecuencia, aunque creo haberle cogido sus horarios. He desplegado todo un operativo para saber más de él. Gracias a contactos y a exhaustivas búsquedas de información, sé más de él. Sin embargo, sigo sin atreverme a subir y pedirle un par de huevos o un poco de leche. Cuando discutió con su novio la pasada semana, me fijé más en su pareja. ¿Quién es su novio? Mi nueva obsesión.

El próximo jueves finaliza la segunda temporada de mi obsesión televisiva,
Prison Break. Hasta entonces, disfruta de la serie, compuesta por Ferry Corsten & Ramin Djawadi.




Hasta la próxima semana.