lunes, febrero 26, 2007

No quiero ser un perdedor


Acaba la pasada semana mencionando la adorable Little Miss Sunshine.



Dice Olive que no quiere ser una perdedora porque su padre odia a los perdedores. Dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que un perdedor es una persona que no consigue lo que espera, desea o ama. Hace un par de semanas, escuchaba una conversación entre dos amigas de treinta y tantos. Una le decía a la otra que sentía que su vida había sido un fracaso, que creía no haber tenido éxito en la vida. La amiga, sorprendida, le recordaba lo que, a su entender, habían sido éxitos en su vida: un buen trabajo en el que disfrutaba todos los días, una relación estable con un tipo estupendo, un ático en propiedad en pleno centro, viajar todos los años a un país diferente… La que se creía una perdedora, una fracasada en la vida, le respondía que la cuestión de tener éxito no sólo tenía una interpretación. Lo que para una persona es tener éxito en la vida, para otra es todo lo contrario.


Aquí tenéis uno de los cortos en los que participé como guionista en California. Mothman! o ¡El Hombre Polilla!


Pero no hablaba hoy de polillas sino de perdedores y la Historia está llena de ganadores y perdedores. El pasado 18 de febrero, los andaluces que acudieron a refrendar el nuevo Estatuto de Andalucía lo apoyaron con un 87,45% de síes frente a un 9,48 de noes. Sin embargo, los andaluces que se quedaron en casa fueron el 63,72%. Sólo el 36,28% de los ciudadanos de Andalucía con derecho a voto acudieron a las urnas. La semana posterior al referéndum andaluz, escuché en diferentes emisoras de radio que una baja participación confirma la buena salud de una democracia: la gente no necesita ir a votar porque todo va bien. La democracia, por tanto, no debe tener perdedores entre sus ciudadanos. El abuelo de Olive, la niña protagonista de Little Miss Sunshine que no quiere ser una perdedora, le responde que un perdedor es alguien que teme tanto no ganar que ni siquiera lo intenta. No intenta ganar un concurso infantil, no intenta aprender un idioma, no intenta enamorarse de su mejor amigo, no intenta mantenerse en forma o no intenta participar en una democracia. Yo no quiero ser un perdedor, ¿y tú?

Os dejo con Razorlight y su tema I can’t stop this feeling I’ve got.



Hasta la próxima semana.

lunes, febrero 19, 2007

Pregunta el porqué, gilipollas


Decía la pasada semana que una de las mejores cualidades del ser humano es la curiosidad que hace que intentemos conocer las causas que provocan cualquier hecho. Es decir, preguntarse el porqué. Planteamiento que, aparentemente, parece sencillo. Sin embargo, muchas personas ni se plantean el porqué de las cosas y otras tantas sí se lo plantean pero no se atreven a decirlo en voz alta. Por ejemplo, ¿por qué en España, que tiene un salario mínimo dos veces inferior al de Francia, los preservativos cuestan más caros que en ese país? Pregunta el porqué. Ésa fue el lema de la principal campaña de publicidad de la compañía norteamericana Enron.




El documental Enron: los tipos que estafaron América muestra la historia del mayor éxito – y del mayor fracaso – empresarial norteamericano. La compañía eléctrica Enron obtuvo miles de millones de dólares de beneficio en un muy corto espacio de tiempo. ¿El truco? Los beneficios aumentaban a partir de simples expectativas. No había ni compras ni ventas de bienes tangibles. Sólo buenas ideas, grandes expectativas. Es decir, aire. Como un castillo de naipes, Enron se desmoronó, llevándose por delante miles de trabajadores y miles de millones de dólares de los accionistas. El ex presidente de Enron Jefffrey Skilling, cuando ya era pública la estafa de la empresa que presidía, se puso muy nervioso en una reunión, añadiendo gilipollas al lema de la compañía.


“Pregunta el porqué, gilipollas.” Eso es lo que pensé el pasado 20 de octubre de 2006 durante la segunda edición del Telediario de TVE. En directo, desde Oviedo, Lorenzo Milá entrevistaba al Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, Juan Ignacio Cirac. El catalán dirige el Instituto Max Planck de Óptica Cuántica en Garching – Alemania – desde hace dos años. Lorenzo Milá le pide que imagine que hay jóvenes interesados por la ciencia que le están viendo por televisión, para a continuación preguntarle “¿Qué les diría?” Cirac responde tajante: “Que se vayan de España. Si realmente les interesa la investigación en cualquier ámbito, que se marchen fuera.” Pregunta el porqué, gilipollas – pensé – mientras Lorenzo Milá acaba su entrevista preguntándole “¿Se va a quedar muchos días por aquí antes de regresar a Alemania?”

Ahora, sube el volumen, reclina tu silla y disfruta del directo de Phantom Planet y su tema California, incluida en la película Little Miss Sunshine.




Hasta la próxima semana.

lunes, febrero 12, 2007

Eres un hipócrita

Óscar Jaenada, al margen de no saber anudarse la corbata, es un hipócrita. A la mayoría de los creadores - cantantes, actores, directores de cine – les horroriza la venta de copias de sus productos. Recuerdo a Mercedes Milá recorriendo los top manta de Madrid de la mano de algunos cantantes. Éstos bramaban contra el gobierno por mantener los brazos cruzados ante la piratería. Mientras, los vendedores del top manta le decían a la Milá que intentaban ganarse la vida. Vamos, como los cantantes. Aquellos que defienden los derechos de autor, y critican a aquellos que hacemos copias de las cosas que nos gustan, son unos hipócritas.

No entiendo mucho de macroeconomía, pero creía que si una empresa no iba bien, cerraba y punto. ¿Cuántas discográficas han cerrado desde la aparición de la comercialización de copias ilegales a gran escala? Ninguna. ¿Cuántas tiendas de Prada o Hermès han cerrado desde que se pueden encontrar copias de sus bolsos en las aceras de las ciudades? Ninguna. Hace un par de semanas hemos sabido que el Cine Avenida de Madrid – uno de los cines “de toda la vida” - va a convertirse en un centro comercial. En plena Gran Vía, los vendedores del top manta seguirán vendiendo sus copias mientras en el Centro Comercial del Cine Avenida venderán los originales.

Una de las mejores cualidades del ser humano es la curiosidad que hace que, ante un hecho, no sólo nos limitemos a comprenderlo sino a intentar conocer las causas que lo provocan, preguntarse el porqué. Decía antes que el infinito debate de la piratería está lleno de hipócritas. Y Óscar Jaenada es uno de ellos. En una entrevista de la Cadena SER, consideraba una falta de respeto a su trabajo que le conocieran por una copia ilegal de la película Camarón. Minutos más tarde, Celia Montalbán le preguntaba cómo se preparó el papel del gaditano. Jaenada le respondió que, como no conocía su discografía, se la descargó toda de internet.

Y ahora levántate de la silla y baila con The Pussycat Dolls y su I don’t Need a Man.



Hasta la próxima semana.